Qué hueca es esa Charlotte Caniggia, por favor, apenas sabe hablar. Andrea Rincón se pasa de ordinaria, debe ser cierto que cobra por sexo. ¿Cuántos años tiene Grecia Colmenares? Que deje de dar lástima y vuelva a Venezuela. Marcelo Polino sobreactúa. Florencia Peña se zarpa con el bótox. Paula y Peter ya cansaron. No soporto la risa de Marcela Feudale. Pónganle un bozal a Ayelén Paleo. ¿Matías Alé tiene algún talento? Antonio Gasalla se parece a mi tía abuela. Este programa es pornografía. Este programa es basura. Este programa te seca el cerebro. Seguro que Tinelli se enfiesta con todas. Yo nunca lo veo, te juro. A mí me gustan solo las coreografías. Yo me engancho únicamente con documentales. ¿Qué más podés pedirle a la televisión argentina? Es funcional al Gobierno, quieren distraernos de los problemas reales. Este país se va al carajo, acordate.

Frases más, frases menos, quizá con algunos nombres cambiados, este será el rosario de comentarios que empezarán a circular desde la noche del lunes, cuando ShowMatch regrese al aire. Porque sí, Marcelo Tinelli repite desde hace años la fórmula de los desnudos y los escándalos -¿quién va a negar que le da resultado?-, pero su público (y su supuesto no público y hasta sus críticos) no es menos previsible. A la primera vedette que muestre las lolas, todos nos levantaremos en críticas y reclamaremos sanciones. Al primer mediático que se preste a una discusión, todos nos quejaremos de la pelea como vía para llegar a la fama. Al primer rumor de que Marcelo se acaricia en secreto con una de las participantes, todos correremos a Google a chequear el datito. ¿Te suenan estas causas y estos efectos? Más vale, si se repiten año a año. Y si Tinelli satura, ¿qué nos hace creer que las eternas críticas de siempre no?

Mi propuesta es sorprender con la jugada menos pensada. Por ejemplo, va una fácil: si no te gusta, no lo veas. Uno no puede repudiar ni indignarse con lo que no conoce. Entregate a la maravilla de desentenderte y a los beneficios del silencio. A veces, no son solo los programas los que aturden ni son las de la TV las únicas voces a las que nos gustaría acallar con el botón rojo del control remoto.